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domingo, 10 de mayo de 2009

Mitos

Edie Sedgwick


Actriz en películas horribles y otras realmente poéticas, modelo para Vogue, yonki millonaria, musa de la Factory, party-girl, ninfómana, amante de Bob Dylan y por encima de todo, uno de los grandes iconos underground de los 60’s, una mujer que convirtió en arte su propia autodestrucción. Anfetas, speed, heroína, hospitales psiquiátricos, tratamientos de shock, orgías interminables, y la vida a mil por hora. A mediados de los 60 en su época de "superstar" su popularidad era brutal, ella y Warhol acudían a montones de sitios donde eran recibidos como estrellas de rock, la gente se volvía loca por estar con ellos. Cuentan que cuando estaba llena de drogas era increíblemente hermosa y angelical, y todo el mundo se quedaba extasiado.

























Andy Warhol conoció a Edie Sedgwick en una fiesta en el ático de Lester Persky, un productor de publicidad cuyo privilegiado apartamento en la calle 59 era lugar de encuentro de la élite social e intelectual del Nueva York de los sesenta. Edie, que era una bailarina excepcional, estaba subida en una plataforma, moviéndose al ritmo de la música. Una amiga de Andy, dijo al verla: “Inhala glamour y exhala glamour. La palabra glamour está acuñada para ella”. Antes de marcharse, hizo a Sedwgick lo más parecido a una declaración de amor: “Quiero hacer una película contigo”.





Edie no lo sabía, pero aquella frase eran las palabras mágicas que daban paso libre al universo de la Factory. En 1965, el espacio creado por Warhol en el número 231 de la calle 47 se había convertido en la tierra prometida de la new wave. Enteramente recubierto de plata, como un espejo gigantesco, la Factory era plató de cine, marco de orgías, telón de fondo de sesiones fotográficas y, sobre todo, lugar de referencia para todo aquel que quería ser alguien. En la Factory, uno podía escuchar música de Puccini mientras inhalaba gas de la risa, inyectarse droga, merendar pastel de marihuana o participar en un número de sadomasoquismo, todo en la misma tarde. Cualquier cosa era posible.







Edie era la perfecta encarnación de las fantasías warholianas: tan delicada y distinguida, tan llena de encanto, tan dulce y sin embargo tan deseosa de vivir experiencias nuevas. Sus armarios estaban abarrotados de prendas de firma y abrigos de pieles, pero ella prefería llevar leotardos negros y camisas masculinas. A pesar de su aparente desaliño, siempre estaba espléndida. Combinaba sus camisolas de hombre con sofisticados pendientes largos y zapatos de tacón de aguja. Acentuaba su aire de desamparo marcando con khol sus grandes ojos oscuros. Su amplia sonrisa daba luminosidad a aquel rostro aniñado que marcaban las ojeras. La cintura de avispa, las caderas inexistentes, el pecho plano, podían hacer pensar en un muchacho, pero Edie Sedgwik era toda femineidad, puro erotismo.

1 comentario:

Antihéroe dijo...

No viene al caso con Edie pero con la época si. http://www.youtube.com/watch?v=jRwjqj50Euo&feature=PlayList&p=8FF532B2A6CC4596&playnext=1&playnext_from=PL&index=45